DIRECCIÓN:
Avda. Galicia, 38 B bajo iz.
33005 OVIEDO


INFORMACIÓN:
Tel. 985 272 988

EMAIL: cdefamilia@gmail.com


HORARIO DE CONSULTA

Días laborables
de lunes a viernes
de 10 a 13,00
de 16 a 19,00
(excepto sábados)


FECHA Y HORARIO DE CURSILLOS

Se indica en cada uno de ellos.
Solicitar información.

Para leer...

Si desea leer artículos interesantes sobre distintos aspectos de la familia y sus cambios síguenos en facebook: DEFAMILIA

Carta de los derechos y de las responsabilidades de los padres en Europa

1. Los padres tienen el derecho de educar a sus hijos sin discriminaciones basadas en el color de la piel, el origen étnico, la nacionalidad, el credo, el sexo o las condiciones económicas. Los padres tienen el deber a sus hijos en el sentido de responsabilidad de los unos hacia los otros para construir un mundo humano.
2. Los padres tienen el derecho de ver reconocido su papel primario en la educación de sus hijos. Los padres tienen el deber de educar a sus hijos de modo responsable y de no descuidarles.
3. Los padres tienen el derecho de ver reconocido a sus hijos el pleno acceso al sistema educativo en base a sus necesidades, a sus capacidades y a sus méritos. Los padres tienen el deber de empeñarse personalmente colaborando con la escuela de sus hijos en el proceso educativo.
4. Los padres tienen derecho de acceso a todas las informaciones que se refieren a sus hijos en torno a las instituciones educativas. Los padres tienen el deber de proporcionar a la escuela de sus hijos todas las informaciones útiles para conseguir los objetivos educativos, objetivo común de su trabajo.
5. Los padres tienen el derecho de elegir el tipo de instrucción m ás próximo a sus convicciones y a los valores a los que se atienen mayormente en la educación de sus hijos. Los padres tienen el deber de efectuar elcciones informadas y conscientes respecto a la educación que sus hijos deben recibir.
6. Los padres tienen derecho a ver respetados, por parte del sistema educativo, los presupuestos espirituales y culturales de la educación que dan a sus hijos. Los padres tienen el deber de educar a sus hijos en el respeto y la aceptación de losotros y de sus convicciones.
7. Los padres tienen el derecho de ejercer influencia sobre la política puesta en acto por la escuela de sus hijos. Los padres tienen el deber de empeñarse personalmente en la escuela de sus hijos en cuento parte vital de la comunidad local.
8. Los padres y sus asociaciones tienen el derecho de ser consultados activamente respecto a las políticas de la autoridad pública en materia de educación a todos los niveles. Los padres tienen el deber de constituirse en organizaciones representativas democráticas a todos los niveles que sean sus portavoces y representen sus intereses.
9. Los padres tienen derecho a la asitencia material pública a fin de superar los obstáculos financieros que impidan a sus hijos el acceso a la instrucción. Los padres tienen el deber de dedicar tiempo y empeño personal a sus hijos y a su escuela asistiéndola en la tarea de conseguir los objetivos educativos.
10. Los padrs tienen derecho a exigir de la autoriad pública responsable que las disposiciones actuadas en materia de educación den resultados de buena calidad. Los padres tienen el deber de ayudarse recíprocamente a desempeñar cada vez mejor su cometido primario de educadores y de interlocutores en la dinámica escuela/casa.


2 Comunicar la separación o divorcio Pautas a seguir en casos de divorcio/separación

Anna Oliverio Ferraris, Revista Psicologia Contemporanea, n. 167, 2001.

Un gran reajuste es necesario cundo los padres se separan o divorcian. En los hijos se verifica casi siempre una especie de terremoto emotivo que no es posible asumir al instante y que requiere de tiempo para ser elaborado además de algunas atenciones por parte de los adultos. Los hijos pueden haber oído ya hablar de separaciones y divorcios, pero todo cambia cuando la cosa les toca directamente y comienzan a experimentar las relaciones “con uno sólo de los padres cada vez” ¿Qué hacer en concreto por ellos?

Son muy pocos los hijos que desean la separación de sus padres; esto ocurre sólo cuando las violencias y disputas son continuas o clamorosas y les son lo bastante grandes como para comprender que no haya otra vía de salida. En tales casos pueden ser ellos mismos los que sugieran a los padres separarse. Pero en todos los demás casos los hijos sufren la elección de sus padres, la ausencia del genitor lejano y, si continúan las hostilidades (si son instrumentalizados como portadores de mensajes desagradables, instigados contra uno u otro de sus padres) pueden sufrir, vivir sentimientos de ansiedad, de culpa, de vergüenza, hacer intentos de mantener juntos a papá y mamá, tratar de protegerlos, de resolver sus problemas… todo ello a expensas del no pensar (la irresponsabilidad), de los juegos, del estudio.
En los niños se da el miedo latente a poder ser abandonados y el divorcio hace real y tangible este miedo. La intensidad de las emociones varía en relación a las acciones y reacciones de los papás. Es máxima cuando se da una fuerte conflictividad y los padres no comunican a los hijos su decisión, no les dan seguridad sobre el hecho de que continuarán viéndoles, muestran no tener el control de la situación. Una de las tareas de las parejas que se separan es precisamente la de explicarles lo que está ocurriendo.
Otra es la de no implicar a los hijos en sus dinámicas sentimentales, no instrumentalizarlos para “vencer” sobre su ex pareja a través de ellos.
Los hijos deben poder asumir este cambio existencial (que ellos no han buscado) sin grandes traumas y para esto sirven las palabras claras y que les den seguridad
Tienen necesidad de recuperar lo más pronto posible la tranquilidad y para ello sirve también saber callar sobre particulares que pueden perturbarlos o o poner bajo una mala luz a un papá o una mamá por los que sienten un gran afecto, con los que se identifican o de los que tienen necesidad para asegurarse en su identidad de varón o de mujer
Los hijos que se convierten en confidentes de los padres, deben soportar una carga demasiado pesada para sus espaldas. Un primer paso consiste, por tanto, en comunicarles que los padres se separan. El genitor que se va gritando y dando un portazo puede crear un propio y verdadero trauma; el hijo se siente abandonado, impotente y con frecuencia culpable. También el padre que desaparece durante un largo período aduciendo un viaje, un compromiso del trabajo, puede generar angustias y tormentas. Un niño puede pensar que no lo verá ya nunca más, que haya muerto.
Al comunicar la noticia es necesario ser claros, pero no alargarse: generalmente los niños quedan demasiado impresionados para poder escuchar otras explicaciones. Se volverá sobre el tema más adelante, respondiendo a sus preguntas y aclarándoles que ellos no tienen ninguna culpa por lo que ha ocurrido.
Es preferible, si es posible, que la noticia les sea dada por ambos padres a la vez. Esto elimina la posibilidad de que el niño piense: “tal vez papá no desea separarse verdaderamente” o “puedo tratar de convencerle a mamá que cambie de idea”. Si esto no es posible, es necesario explicar claramente que se trata de una decisión tomada de común acuerdo: “mamá y yo hemos decidido…”. Las explicaciones que los niños se dan de los hechos que suceden reflejan aquello que les decimos además de su conocimiento del mundo y de sus necesidades emotivas. Un niño de 4, 5, 8 años al que no se le ha dado la noticia de la separación o se le ha dicho una mentira o una media verdad, puede pensar que papá se ha marchado porque él (el niño) no vale nada, y esta consideración puede ser el origen de una minusvaloración y de resentimientos. Es el caso de Sonia, una niña vivaracha de cuatro años y medio, que no ve a su padre desde hace tres meses y no ha tenido noticias suyas. Se le ha dicho que papá ha partido para un largo viaje. Desde hace algún tiempo, Sonia, ha comenzado a hablar a un papá imaginario y a menudo dice que su verdadero papá es el abuelo. Cuando finalmente papá la llama por teléfono, ella rechaza hablarle, deja caer el auricular y escapa diciendo “malo… malo…”. El hecho se repite más veces. En adelante, sin embargo pedirá a su cuidadora la dirección de su papá para enviarle un postal o un dibujo. Tomar la iniciativa de rechazar o aceptar el contacto con el papá, le da la impresión a Sonia de recuperar el control sobre las desapariciones y los retornos de papá. Es mejor anunciar la decisión antes de que ésta sea puesta en práctica. Se habla de ella sin perder la calma, sin acusar, sin proporcionar detalles inútiles o angustiantes y permitiendo a los hijos hacer preguntas, expresar su malestar y sus temores. Se explica que es una cuestión de ellos y que los hijos no tienen ni culpa ni responsabilidad, que el genitor que se marcha de casa se mantendrá en contacto y que les verá a menudo, que continuará ocupándose de ellos. Los hijos deben tener la sensación de que la situación, aunque desagradable, está bajo control.
Desde el inicio los padres deben esforzarse por tener separados los propios sentimientos de los de los hijos. Dejando a parte casos particulares (el otro es violento, enfermo mental, alcohólico, criminal, etc.) no se les pide alinearse ni con uno ni con otro, no se les manipula aprovechando su ingenuidad. No se les pone en la boca juicios o acusaciones. No se les instiga contra el ex con modos más o menos engañosos. Es necesario resistir a la tentación de usarlos como mensajeros o “espías”: puesto que se fían de nosotros, corren el riesgo de convertirse en nuestro chivo expiatorio. Asimilando el mensaje al mensajero, pueden llegar a dudar de las propias percepciones, confundirse y finalmente convencerse de que son ellos la causa de los problemas de los que no tienen ninguna responsabilidad. Y poco a poco aprenderán a usar esas mismas estrategias de manipulación que han usado con ellos…

Palabras para crecer
Si, arrastrados por el resentimiento y la cólera respecto del ex, no se consigue llegar a pensar también en los hijos, es mejor apoyarse en alguien capaz de tranquilizar a los niños, de explicarles que están pasando un período difícil, pero que cn el tiempo las casas cambian y mejoran. Gran parte de nuestra comunicación pasa a través del lenguaje del cuerpo, los ritmos y hábitos, por eso es necesario tratar, sobre todo con los más pequeños, de alterar lo menos posible su rutina (horarios de comidas, del sueño, de los juegos en la calle, del baño, etc.) que, en momentos de turbulencia, representan los puntos de referencia seguros, garantizan estabilidad, continuidad. Mario, de 7 años, tiene una notable propiedad de lenguaje. Hablando a una amiga de la familia expresa con estas palabras el sentido de precariedad que está viviendo: “Mamá casi nunca está en casa por las tardes”, “ya ninguno come a la misma hora”., “mis padres no me prestan ninguna atención a mí, ni siquiera me escuchan”, “debemos hacer economías porque papaá no no nos da dinero…”, ¿te parece a ti que llegaremos a ser muy pobres?” Mario está preocupado porque tiene la sensación de que sus padres hayan perdido el control de ellos mismos y de sus hijos, pero no renuncia a hablar, a buscar explicaciones que puedan poner orden en su vida y que le den confianza.
Los niños separados tienen necesidad de la palabra de los otros. Si en una familia unida, donde hay un gran entendimiento, tantas cosas pueden estar calladas y basta una simple mirada para entenderse, cuando hay problemas, el hablar se hace indispensable, tanto para poder afrontar todas las cuestiones prácticas vinculadas al cambio como para permitir que emerjan los sentimientos. No se puede simular que nada ha ocurrido, que todo es como antes. Estas son algunas preguntas tipo y sus correspondientes respuestas.
P. ¿Papá se ha marchado porque no me quiere? (5-10 años)
R. No, de ninguna manera. Nunca pienses una cosa así. Mamá y papá ya no eran felices estando juntos, discutían a menudo y así han decidido separarse. Discutir siempre es malo. Papá continúa queriéndote como antes y, si es posible, todavía más que antes. P. Ningún otro hay en clase con los papas separados. (6-12 años)
R. Es un solo caso. En otras clases hay otros niños cuyos padres están separados. No te debes sentir incómodo. A veces, cuando nos sentimos distintos de los demás por algo nos avergonzamos, pero es un error. Sería como si en África, un niño blanco tuviera que avergonzarse porque todos los otros niños tienen la piel negra. También si eres el único en clase en tener a los papás separados ,m la tuya no es una situación excepcional o extraña; no sólo hay un tipo de familia, hay familias con dos padres, familias con sólo un papá o una mamá, familias en las que también hay abuelos, familias sin hijos, con un solo hijo, con muchos hijos y también hay familias en las que hay un padrino o una madrina (como se les llama en Italia a la pareja del padre o la madre). Como ves, las familias son distintas una de otra. P. Papá se ha marchado ¿te vas a marchar tu también? … (6 años)
R. ¡Pero qué cosas se te ocurren!. Yo quiero estar contigo. Quiero quedar en esta casa con vosotros dos, que sois mis hijos. Papá se ha marchado sólo porque él y yo no estábamos de acuerdo. Sabéis que él también os quiere… P. Por las noches, cuando me despierto y pienso que papá ya no duerme más aquí, tengo miedo… (7 años)
R. Es normal que esto suceda, todo cambio trae consigo algún problema. Pero en la vida es necesario saber afrontar los cambios y vencer los miedos. No digo que lo logres inmediatamente, pero con el tiempo lo lograrás. Si alguna noche tienes miedo, despiértame sin problema y hablaremos un poco juntos.
Algunos niños tienen fantasías de reunificación que les llevan a hacer intentos para v9lver a tener juntos a los padres, para convencerles de que se reconcilien. A veces, más o menos inconscientemente, también pueden crear las condiciones para una reunificación: combinando alguna desgracia o situación difícil, yen do mal en la escuela, rechazando volver a casa después de las vacaciones, etc. En estos casos, aunque mostrando comprensión, es necesario ser firmes.
P. Quiero que papá vuelva a casa con nosotros…
R. Sé que te desagrada, lo entiendo… pero en la vida hay tantos cambios y es necesario aprender afrontarlos. Ahora te perece difícil, pero poco a poco te acostumbrarás. También la abuelita me ha dicho que tu quería que volviéramos a estar juntos, pero esto, a pesar de todo, ya no es posible, ciertamente. Pero tú puedes encontrarte con papá y escucharlo por teléfono siempre que lo desees.
Las cosas se complican cuando uno de los dos padres no acepta la separación . Un hijo puede hacerse entonces intérprete del deseo del genitor que más sufre por la separación discurriendo “soluciones” para hacer encuentros. También en estos casos es importante frenarlo, aclarándole que son cuestiones que competen sólo a la pareja. Hasta que un niño no renuncia a los intentos de conciliación, permanece tenso, inquieto y no se adapta al cambio.
Pasado un período inicial, más o menos largo, generalmente los hijos se adaptan al nuevo estilo de vida. Para facilitar la adaptación es bueno subrayar los aspectos positivos de la nueva condición.
D. Prefiero ir de vacaciones con los dos…
R. Ciertamente, estabas acostumbrado a tenerlas asóí… pero tratemos de ver también los lados positivos: haces dos vacaciones, ves lugares distintos, conoces a personas distintas , te acostumbras a viajar. Navidades y cumpleños los celebras dos veces … muchos estaría contentos de duplicar las fiestas…. ¿no crees?
P. Yo tengo aquí todos mis juguetes y en casa de papá no tengo mis cosas…
R. Poco a poco llevarás juguetes a la casa de papá, un pijama, ropa, libros que quedarán allí y que, si quieres , de vez en cuando los lelvarás de una casa a la otra. ¿Quién te ha dicho que es necesario tener sólo un cuarto ¿ ¡Tendrás dos cuartos, no uno! Ahora te parece extraño porque no estás acostumbrada, pero dentro d un año o dos te parecerá normal… Tendrás la impresión de haber vivido siempre así. Lo importante es que tu te sientas en casa también cuando estás con papá. Si te sientes un huésped de visita, nos lo debes decir a mí y a tu padre.
Para llevar a cabo correctamente el diálogo sobre el tema del divorcio o de la separación hay que conocer las exigencias de los niños en las disitntas edades. Si se siguen las líneas–guía indicadas a continuación los hijos superan más fácilmente la fase de emergencia y se adaptan poco a poco a la nueva situación.

Líneas – guía a seguir en casos de divorcio/separación
Indicamos a continuación líneas – guía a seguir en caso de divorcio. Para los distintos grupos por edades se indican los puntos básicos del desarrollo (vínculos afectivos con los padres, identidad, dimensión dependencia / independencia, emociones, competencias sociales); las consecuencias que el divorcio / separación puedan tener en relación con los cometidos del desarrollo; los riesgos que corren los hijos cuando los padres se separan; las medidas a tener en cuenta para evitar o reducir el malestar.
Se trata de indicaciones orientativas que deben adaptarse a cada situación y a cada niño.

1. ¿ Qué hacer, en caso de divorcio, con niños de 0 a 2 años?
Puntos básicos del desarrollo:
• se forman los lazos de vinculación afectiva con las figuras primarias.
• los niños desarrollan un sentido de confianza respecto al ambiente y al mundo.
• en el transcurso del tercer año: se dan del lenguaje y de la locomoción.
• en el tercer año aumenta la capacidad de sustituir las figuras primarias con otras o con símbolos.
Consecuencias del divorcio / separación:
• sentimiento de pérdida de contacto con una figura primaria.
• sentimiento de pérdida del ambiente familiar (ritmos, presencias, voces, rutinas).
Riesgos:
• la pérdida de contacto con una figura primaria puede causar depresión y regresión (el niño se comporta como si fuera más pequeño).
• una larga separación de una figura de vinculación afectiva primaria puede crear problemas para futuras separaciones y otras relaciones afectivas.
Recomendaciones si los padres viven próximos:
• el niño debe quedar en la casa en la que ha transcurrido los primeros años.
• el genitor no residente, trate de tener encuentros frecuentes respecto al tipo de relación que tenían anteriormente.
• si la custodia es conjunta, establecer en qué habitación pasa la noche el niño (la alternancia hay que desaconsejarla).
Recomendaciones si los padres viven lejos:
• favorecer los encuentros frecuentes del niño con el genitor no residente (n.r.); en general el es genitor n.r. el que va a donde está el niño, pero puede ser también que el genitor residente lleve alguna vez al pequeño al genitor n.r.
• si la distancia es grande, recordar al genitor con foto, llamadas de teléfono, un cuento contado por CD o cinta magnetofónica, etc.

2. ¿Qué hacer en caso de divorcio/separación con niños de 2 a 5 años?
Puntos básicos del desarrollo:
• aumenta la conciencia de la propia individualidad.
• interiorización de las figuras primarias y capacidad de pensar en el genitor lejano (autosatisfacción)
• el niño comienza a expresar verbalmente sentimientos y estados de ánimo.
• identificación con el genitor del propio sexo.
Consecuencias del divorcio / separación:
• puede considerarse responsable de la separación (pensamiento mágico, egocentrismo).
• ansiedad relativa a la satisfacción de las necesidades primarias: alimentación, cuidados físicos, pérdida de la condición en que se encuentra… • fantasías de reunificación.
• dificultades transitorias al cambiar de una habitación a otra.
Riesgos:
• regresión: pérdida de competencias ya adquiridas.
• pérdida del genitor del sexo opuesto como agente socializante , o del genitor del mismo sexo como modelo de identificación.
• sentimientos de abandono que pueden transformarse en tristeza, depresión, escasa autoestima e interferir con el desarrollo.
Recomendaciones si los padres viven próximos:
• distribución del tiempo (a transcurrir con ambos padres) semejante al período anterior a la separación.
• con el crecimiento se alargan los tiempos de las visitas al genitor n.r.
• hacia los 2-3 años puede dormir una noche a la semana en casa del genitor n.r. y a los 5 años dos o tres noches a la semana, máximo tres. • si un genitor tiene poco tiempo y el otro en cambio lo tiene de más, el niño puede tener encuentros con el genitor más ocupado en los fines de semana y una vez durante la semana.
Recomendaciones si los padres viven lejos:
• el genitor residente acompaña al hijo desde la casa del genitor n.r.
• noches fuera de casa dos, máximo tres, seguidas.
• mantener contactos telefónicos o por escrito con el genitor n.r.
• recordar al genitor con fotografías, objetos, palabras, etc.

3. ¿ Qué hacer, en caso de divorcio / separación con niños de 6 a 8 años?
Puntos básicos del desarrollo:
•relaciones con los de su edad y relaciones con la comunidad.
•desarrollo del sentido moral.
•empatía y mayor control de las emociones.
•desarrollo de la imagen de sí mismos en relación a competencias y habilidades.
Consecuencias del divorcio / separación:
•posible tristeza.
•expresión directa del dolor y de la cólera.
•miedos concernientes al dinero, alimento, habitación.
•miedo de perder a los dos padres.
•autoacusación: se considera causa del divorcio, trata de reunir a la familia.
Riesgos:
• escaso rendimiento escolar (empeoramiento).
• posibles estados depresivos.
• preocupaciones relativas al divorcio, verbalización ansiosa.
• intentos de reunir a los padres con acting-out [subterfugios], (como descontento, escaso rendimiento escolar, mutismo, etc.).
Recomendaciones si los padres viven próximos:
• muchos niños tienen todavía necesidad de afincarse en una habitación.
• visitas de uno a tres días en la casa del genitor n.r., o bien: una semana con uno y otra con el otro a fin de que pueda tener contacto con los amigos, desarrollar las actividades normales en el barrio, ir a la escuela, etc.
• puede dormir en casa del genitor n.r. varias noches.
• a los 8 años puede pasar toda una semana entera con uno u otro genitor.
Recomendaciones si los padres viven lejos:
•si las relaciones entre los padres no son buenas, puede quedarse con el genitor n.r. incluso dos semanas. •el genitor n.r. que va a buscar al niño, puede pasar los fines de semana largos (puentes) aprovechándolos para conocer a los amigos del hijo, encontrarse con sus profesores, etc.
• debe tener el permiso de mantener contactos (teléfono, cartas, e-mail) con el genitor n.r.
• las visitas pueden ser más largas (hasta 4 semanas) si tiene 8 años o si está acompañado por un hermano/a mayor, sobre todo cuando conoce ya el lugar en que vive el genitor.
• posible nostalgia de casa; puede ser necesario acortar la visita.

4. ¿Qué hacer en caso de divorcio / separación con niños de 9 a 12 años?
Puntos básicos del desarrollo:
• adquisición creciente de competencias escolares, atléticas, artísticas, sociales.
• mayor conciencia de sí mismo; valoración de las propias fuerzas y límites en relación con los otros.
• colocación social entre los semejantes en base a la imagen de sí mismo/a.
Consecuencias del divorcio / separación:
• comprensión empática con uno o ambos padres con posible colaboración/condena de uno de los dos (alinearse, ponerse de parte de). • pide explicaciones adecuadas (nivel adulto).
• percepción de la propia vulnerabilidad y del propio rechazo; tristeza, rabia, dolor, culpa.
• posibles sentimientos de vergüenza en la comunidad.
Riesgos:
• interferencias con el rendimiento escolar.
• mentiras o engaños superiores a la norma.
• alianza con un genitor en perjuicio del otro.
• soledad, depresión, escasa autoestima.
Recomendaciones si los padres viven próximos:
• vive en una sola casa; transcurre tardes, fines de semana, desarrolla actividades con el otro genitor en base a un programa regular y previsible; o bien: dos semanas con un genitor y otras dos con el otro; o bien la solución “nido”: los que se alternan en casa son los padres y no los hijos.
• posibilidades de frecuentar a los amigos, de ir a la escuela, de desarrollar actividades tanto en una como en otra vivienda.
• si las relaciones son buenas con ambos padres, las vacaciones de verano deben ser divididas al 50%.
Recomendaciones si los padres viven lejos:
• visita una vez cada tres semanas o una vez al mes al otro genitor, en relación a la distancia y a las posibilidades de viajar.
• el genitor no residente habla con los profesores, instructores, participa en las manifestaciones y celebraciones.
• la mitad de las vacaciones de Navidad y otras con el genitor no residente.
• si las relaciones con ambos padres son buenas, las vacaciones de verano se dividen al 50 %.

5. ¿ Qué hacer, en caso de divorcio /separación, con hijos de 13 a 18 años?

Puntos básicos del desarrollo:
• emancipación psicológica: ulterior estructuración de la identidad.
• “luto” por la pérdida de la infancia ; dependencia; búsqueda de protección en familia.
• gestionar los impulsos sexuales.
• confrontarse con las reglas de la sociedad.
Consecuencias del divorcio / separación:
• la ausencia de una familia intacta con la que confrontarse puede llevar a una emancipación precoz o incompleta (por ejemplo, búsqueda de una partner anciano o mayor del que recibir protección).
• sentimientos de disgusto o malestar respecto de la propia familia.
• posible desvaloración de uno o de ambos padres.
• irritación o disgusto por la vida sexual de los padres.
• los amigos y los asuntos o tarea vienen colocados en primer lugar: el hijo rechaza visitar al genitor n.r.
Riesgos: • posibles acting-out [subterfugios] (droga, promiscuidad sexual, fugas, sectas, etc.) en busca de un sentido de pertenencia.
• adolescencia retardada: deseo de permanecer niño.
• dudas sobre las propias capacidades; inversiones excesivas en las relaciones o rupturas imprevistas.
Recomendaciones si los padres viven próximos:
• reside en la casa de un genitor y se encuentra con el otro en determinadas tardes, fines de semana, actividades previstas y regulares; o bien: permanece en la casa de uno o del otro durante períodos de dos semanas; o bien: son los padres los que se alternan en el “nido”.
• definir juntos al hijo un programa de las visitas y permanecias con flexibilidad.
• desde ambas casas el hijo ha de tener acceso a los amigos, a la escuela, a las actividades.
Recomendaciones si los padres viven lejos:
• de 1 a 3 fines de semana en la otra casa en relación a la distancia y a la capacidad de viajar.
• “programa fijo” concordado con el hijo de visitas y permanencias con flexibilidad.
• el genitor n.r. va a hablar con los maestros, instructores, se encuentra de vez en cuando con los amigos del hijo, etc.
• 50% de las vacaciones con el genitor n.r.
• si la distancia es excesiva, se encuentran en las celebraciones y las vacaciones de verano se pasan en gran parte con el genitor n.r.


3 Dificultades de la figura paterna en la dinámica de pareja con particular relieve en el momento de la separación

Dra. Mariagloria Campi Directora de Studio Famiglia, Profesora de Psicología General y Psicología Evolutiva del Centro Servizi Formativi – ENAIP LOMBARDIA (Mantova)

Premisa
Desempeño la profesión de psicóloga desde hace más de veinticinco años. Primero en el ámbito del Servicio Socio-Sanitario Nacional y después como profesional por libre.
Desde siempre, en mi actividad profesional uno de los principales núcleos ha sido el problema de los menores, puesto que una exigencia de mi función en el Servicio por la edad evolutiva se ha transformado en interés personal. También mi formación ha ido a la par con la profundización de los problemas ligados a los estadios evolutivos y a las experiencia a través de las cuales de estructura la personalidad de un individuo y su modo de realizarse como persona única e irrepetible.
Como todo buen psicoterapeuta que respeta la tradición, inicié mi formación clínica con un psicoanalista de la Sociedad Psicoanalítica Italiana. Profundicé después la orientación kleiniana en la supervisión con una analista de la Tavistok Clinic de Londres. La insustituible lectura psicoanalítica del desarrollo de la vida psíquica fue de extrema importancia frente a los problemas de los niños y de los muchachos.
Pero en muchas ocasiones vi que, a pesar de todo, no bastaba. La aproximación psicoanalítico, en efecto, nos presenta un adulto hipotéticamente perfecto al que cada uno debe tender como a un modelo y las y cada una de las individualidades vienen definidas por cuánto y cómo se separan de ese modelo. Frente a las situaciones difíciles de los niños en condiciones de sufrimiento el saber las consecuencias y los riesgos que habrían podido correr y que habrían sido cada vez más evidentes al correr de los años no me eran de mucha ayuda.
Mi investigación me llevó a conocer el Centro Milanés de Terapia de la Familia en vía Leopardi de Milán. Entre los recursos de esta orientación teórica y clínica son dos los elementos que he percibido como esencialmente útiles. Por una parte, la comunicación paradójica y por otra la evidencia de cuánto más están los hijos ligados a sus padres que los padres a sus hijos permitía claves de lectura a las que poder hacer referencia en los momentos en que era necesario tomar decisiones sobre el destino de los niños.
Pero no sólo esto. La ampliación del punto de vista a todos los sistemas y subsistemas interactuantes permitía poder elegir con una ventaja de posibles recursos mucho más amplia. El Dr. Boscolo y el Dr. Cecchin, teóricos del planteamiento sistémico para las problemáticas familiares nos han enseñado después la libertad y la complejidad de la naturaleza humana. El hombre, por consiguiente, en su desarrollo puede recorrer caminos diversos, únicos e irrepetibles, el único elemento que el terapeuta debe mantener sólidamente es el de que cada uno encuentre una adaptación funcional para sí y su propio bienestar. Dejo intuir cuánto este modo de ver el desarrollo psíquico del individuo permite un visión “meta” (más allá) respecto a las múltiples posibi-lidades de respuesta a una situación problemática y también salvaguardar la libertad del individuo hasta restituirle la posibilidad de elegir su destino sin dejarlo en total dependencia de las figuras genitoriales y educativas inadecuadas. En último término, más allá de cualquier avatar en que se encuentre un individuo para crecer, tiene la posibilidad de elegir entre quedar preso en la red o evolucionar hacia una realización de sí según modos nuevos y sistemas nuevos.

Sistema de pertenencia familiar y sistema de pertenencia social
El punto de observación del terapeuta sistémico permite hacer hipótesis sobre la interacción entre los sistemas interactuantes en que está envuelto el individuo.
Tales sistemas van desde aquel formalizado en la relación familiar a aquel ampliado a las familias de origen de los padres para llegar por una parte a los sistemas sociales institucionalizados, la escuela, etc., y por otra al sistema que es el individuo mismo. Es necesaria una breve premisa más. Cada sistema se caracteriza por su capacidad de encontrar un equilibrio funcional entre homeostasis o bien el mantenimiento de sus propias características identificativas y el cambio, o bien la posibilidad de redefinir en su interior los roles y funciones en sintonía con los cambios evidentes en la evolución del ciclo vital de los sistemas y de los individuos (Un registro es un sistema con dos padres jóvenes y con niños pequeños que usufructúan los servicios sociales como la guardería, etc.; otro registro es un sistema de adultos realizados con hijos mayores al inicio de la total autonomía). Cuando el cambio es demasiado grande o demasiado frecuen-te, el sistema se deshace para redefinirse, a través de sus miembros, en otros sistemas.
La disolución del sistema debe ser aceptado por cada uno de sus componentes, en caso contrario quien no acepta la disolución termina por impedirla. En esta caso podrán cambiar los criterios de interacción dentro del sistema ,pero el sistema no se disolverá. A menudo, los casos de separación entre cónyuges entran en esta categoría. Entonces el mantenimiento de un sistema se convierte en un engra-naje mecánico destinado a la destrucción de todos los miembros que quedan envueltos en él.
Desgraciadamente, para salir de él puede ser necesario abandonar todo y salir del juego, incluso a costa de graves pérdidas afectivas. Me explicaré mejor. Muchas veces la separación en un chantaje. Uno piensa obtener a través de él aquel poder que no consigue tener o piensa garantizarse aquel poder que está perdiendo. Entonces no existe separación real, sino sólo una modalidad coaccionada de mantener a los otros a su propia merced. Mi experiencia me ha llevado a la evidencia de que en casi la totalidad de los casos, son las mujeres y las madres a activar esta posición chantajista de la que, casi en la totalidad de los casos, los padres son las víctimas, a menudo impotentes.
Muchas veces me he encontrado teniendo que dirimir diatribas entre madres y padres para la tutela e los hijos y en todas las discusiones, a menudo el niño no era otra cosa que el instrumento a través del cual hacer pagar al padre las culpas que la madre consideraba que debía atribuirle.
Hasta este punto hemos centrado nuestra atención en algunas dinámicas del sistema familiar. Detengámonos ahora a considerar el sistema social y sin olvidar las estructuras dinámicas formales ya evidenciadas.
Entonces, un sistema para auto-mantenerse debe regular su capacidad homo-estática a fin de evitar cualquier riesgo de un cambio tan radical que desintegre el propio sistema de tradiciones, de cultura, de estructura social,, de relación entre las ideologías más significativas , etc. Obviamente, un sistema en un sistema social toda esta tutela anti-desintegración se amplifica y se potencia respecto al sistema familiar. Pero no olvidemos como cada sistema individual y familiar es de hecho miembro del más amplio sistema social. Ya hemos visto la interdependencia de los sistemas interactuantes, ahora consideremos cómo la distinta amplitud de los sistemas determina también la distinta potencia de los unos sobre los otros. Por tanto, un sistema familiar aparecerá más potente que un sistema individual y un sistema social aparecerá más potente que un sistema familiar.
¿Qué entendemos por poder? Obviamente, la capacidad de determinar al otro en función propia (de uno mismo). ¿Pero cómo se ejerce este poder? Es igualmente obvio que no puede ser usada una racionalidad pura dirigida al máximo bien de cada individuo, en este caso no hablaremos de poder sino de solidaridad en la máxima expresión de la vida que se individúa en cada uno de nosotros. Un sistema, cuanto más preocupado está por la propia supervivencia, tanto más debe mantener y controlar a sus miembros a través de reglas rígidas y repercusiones desagradables para las transgresiones a las mismas. Es inútil precisar que para mantener a las personas en este orden de regla la potencia del sistema social debe ser emotivo y semántico, no ciertamente lógica, a pesar de las apariencias (las leyes siempre están expresadas bajo forma lógica y racional). Este discurso tendría la necesidad de una profundización específica, pero nos llevaría a una desviación demasiado consistente del tema elegido. Lo dejo a la profundización bibliográfica o al contenido de otros artículos; para proseguir nuestro tema es suficiente que quien lea se mantenga libre para intuir este importante paso.
Todo sistema familiar, en cuanto subsistema del más amplio sistema social al que pertenece, está sometido a las presiones que el propio sistema social pone en acto para su mantenimiento.
Las presiones emotivas y semánticas, por tanto fuera del nivel racional, pueden ejercer la mayor presión a través del sistema inconsciente, individual y colectivo, a través de prejuicios y estereotipos socialmente aprobados y compartidos. Analicemos ahora los efectos del control social sobre el sistema familiar: Al hacer esto nos viene en ayuda un autor que la ciencia oficial considera, tal vez, un poco extravagante, pero que tiene muchas cosas útiles que decirnos respecto a los roles y a las funciones jugadas por los padres en el ámbito del sistema familiar: Antonio Meneghetti. Meneghetti nace como filósofo, después, interesado profundamente por lo humano se dedica durante años a la experiencia psicoterapéutica sobre patologías gravísimas. De esta experiencia suya podemos obtener elementos de extrema utilidad, como veremos a continuación.

El papel de la madre y del padre
La Escuela de Milán, Boscolo y Cecchin, nos dan los instrumentos para comprender el funcionamiento de los sistemas humanos y sus interacciones. Meneghetti nos proporciona los intrumentos para comprender el funcionamiento del sistema individuo. Ciertamente, este está en estrechísima conexión con los otros. Entonces, si el sistema social debe garantizarse su constante supervivencia y debe protegerse de cambios sustanciales debe tener bajo control roles y funciones y debe hacer de modo que roles y funciones se mantengan estables y complementarios, después debe hacer todo esto aprovechando la potencia más grande para el hombre: los afectos, los vínculos familiares, la dependencia. Son exactamente estos “sentimientos” los que ligan el individuo a los vínculos “de sangre” y lo bloquean en sus posibilidades de expansión de sí mismo, de sus propias capacidades, del propio modo de vivir en sintonía con el propio placer de ser individuo único e irrepetible. Nos damos cuenta de cómo la estructura social en sus expresiones institucionales protege de manera casi totalizante los derechos de la madre sobre los hijos. Si bien el derecho de familia va ampliando el propio punto de vista a los derechos y deberes genitoriales de los padres, la evidencia en las sentencias de separación y de los procedimientos para la custodia de los hijos demuestra siempre una clara propensión por las madres. Ocurre un poco como si la legislación se moviese con este espíritu: es natural y obvio que en caso de separación los hijos queden con la madre que, para esto no está obligada a demostrar su capacidad genitorial. El padre que pretenda dar la propia disponibilidad para la custodia del hijo debe en cambio conseguir demostrar tanto su propia idoneidad genitorial como la no idoneidad de la madre.
Repensemos ahora a Freud, en aquel vínculo simbiótico que liga a madre e hijo desde la concepción y que a menudo corre el riego de no disolverse jamás. A través de este vínculo tan fuerte pasan todos los modos de entender la vida y de relacionarse con ella. Es en esta relación donde vienen semánticamente decididas las reglas que deben ser seguidas y aquellas que se deben rechazar. La relación totalizante que liga el niño a la madre tiene por tanto dos significados: el de ser el traductor y el garante de las reglas sociales y el de garantizarse su propio mantenimiento inatacable. A través de la simbiosis de la relación madre-hijo, este último viene “programado” para no diferenciarse nunca de aquello que la madre quiere para él y de él. La potencia de este vínculo es tan fuerte que permanece más allá de cualquier distancia en el espacio y en el tiempo. Frente a esta potencia, el padre no tiene ninguna o bien pocas posibilidades de intervención.
“El modo de la compensación mediante el hijo puede ocurrir del siguiente modo: Un marido vuelve a casa desde su trabajo. A causa de algunos precedentes o de tensiones ocurridas hace tiempo o recientemente o por con-trastes o malhumores por los que la mujer quiere reconocimiento y justificación, la vuelta del marido se verifica aparentemente con normalidad. Después, durante la comida u otras familiaridades de familia, la madre se expone siempre gratificante la más mínima exigencia del hijo, mientras que al marido le es dado lo necesario por deber de situación. En algunos casos la madre solicita o favorece distintas exigencias del pequeño; y esto ante los ojos del padre, el cual debe callar porque no puede anteponer sus exigencias a las del hijo. Entre tanto, la madre vicia al hijo consintiéndole todo para hacerse un aliado y para provocar la culpa o la rabia del padre. Las consecuencias pueden ser variadas. Una es siempre cierta: el hijo hiper-consentido para hacer de apoyo a la madre en adelante continuará caracterizándose por la pretensión infantil de obtener todo enseguida y lo mejor, en caso contrario explotará en agresividades de distinto tipo, hasta la delicuencial y esquizofrénica” (de Antonio Meneghetti “Introducción a la realidad dinámica de los procesos psíquicos”. Psicologica editrice – Roma 1991.)
Ahora no debemos nunca olvidar que cada hijo de esta tierra (Italia), sea varón o mujer, es concebido en el vientre de una mujer y nace dentro de esta relación ya definida. La matriz, por tanto, en la que todo hombre crece es la del pensamiento y el poder femenino. Como ya lo he pergeñado más arriba en las situaciones de custodia de los hijos, los efectos de esta situación existencial se ven como a través de una lente de aumento.
Un padre que quiere la custodia del hijo después de la separación de la mujer es ya un padre particular, que se sale en cierto modo del rol socialmente acostumbrado de la figura paterna. Es un padre que intuye la necesidad de salvaguardar a los hijos, especialmente si son varones, de las repercusiones de un daño simbiótico hecho aún más engañoso y eficaz por la eliminación de la figura paterna del ámbito familiar. A menudo la situación es un círculo vicioso. Ocurre que la separación acontece por la incapacidad de los miembros de dar rasgos característicos adecuados a una situación dinámica como el desarrollo de un sistema familiar. Se pretende gestionar un sistema familiar de una manera igual y estática en el tiempo. En nuestra cultura es la mujer la que tiende a evitar y a reconocer el cambio que ocurre con la maduración de los componentes del sistema familiar, aplanándolos en un sistema homo-estático donde los sistemas regulatorios deben hacerse cada vez más rígidos y sofisticados.
Incluso después de la separación la mujer difícilmente renuncia a esta compulsividad regresiva suya y, remitiéndose a valores pseudo-morales que a menudo sostiene nuestra sociedad, se proclama la única protectora de los verdaderos y profundos valores familiares y de pareja. De ese modo, viene defraudado el hijo de las posibilidades de acceder a modalidades de relaciones adultas consigo mismo y a modalidades autónomas de decidir sobre la propia vida. Porque viene defraudado de las posibilidad de salir de una relación simbiótica y de caminar seguro sobre sus propias piernas (con sus propios pies).

Algunas consideraciones conclusivas sobre el condicionamiento fantasmático de la mujer
Para cerrar esta reflexión deseo aludir a la lectura que hace Meneghetti del mundo femenino. Considero que es extraordinariamente interesante y estimulante para una revisión de nuestros criterios de valoración de lo real. Los escritos de Meneghetti nos ponen ante todo frente a la diversidad sustancial entre el varón y la mujer. En armonía con la estructura morfológica del propio cuerpo, varón y mujer tienen un modo distinto de ponerse frente a la acción. Más inmediato y directo el hombre, más estratega, atenta a las ‘esfumaturas’ (a los detalles secundarios, imperceptibles), más compleja, la mujer. No es difícil argüir que la inteligencia femenina resulta más aguda y maliciosa, mientras que la masculina es decididamente más operativa y realizativa, pero más ingenua y manipulable.
Precisamente la potencia e incontrolabilidad de la inteligencia femenina (no olvidemos la estructura morfológica del cuerpo femenino: los órganos genitales y de reproducción están todos ocultos dentro de su cuerpo, mientras que los masculinos están casi totalmente expuestos) unida a su cometido hacia la especie, la hacen vehículo de modelos de pensamiento y de comportamiento.
Meneghetti en Ontopsicologia Clinica habla del adulto – madre: esto es, de aquel adulto que define con su comportamiento lo que será el comportamiento del niño. En nuestra cultura toda la dimensión del cuidado del pequeño está demandada casi totalmente a la madre o a la madre de la madre. En todo caso, como se decía más arriba, todo hombre nace del vientre de una mujer: esto es, inicia su vida a través de una semántica femenina (significado de los símbolos). Meneghetti en “Donna del duemila” Psicologica editrice – Roma 2000 nos habla de una mujer que muy a menudo sofoca la propia gracia vital y por ello termina por trasformar esta misma gracia vital en potencia destructiva. En este libro, fascinante e inquietante a la vez, nos habla de una manipulación antigua de la psicología femenina que continúa todavía hoy, más allá de cualquier movimiento de liberación de la mujer, como semántica transmitida de generación en genera-ción que presencia en la psicología de la mujer la imagen de una vieja que en cierto modo constriñe a la psicología femenina a ir hacia la propia destrucción y hacia la destrucción de quien le está particularmente próximo o permanece vinculado a su dominio mental. El texto citado obviamente procede a dar ulte-riores explicaciones y motivaciones de este proceso de la psicología femenina en negativo.
El mismo autor en el texto “Gracia: la lógica del don” nos indica qué grande es la potencia de la mujer cuya feminidad es auténtica y no condicionada por estereotipos antiguos, pero el camino para alcanzar esta autenticidad es largo y difícil , y son muy pocas las mujeres que lo emprenden. Estas mujeres son capaces de verdadero liderazgo para sí mismas y para los otros.
Concluyo aquí, aunque me doy cuenta de haber levantado muchos interrogantes más que dar soluciones, pero, así todo, no me arrepiento. Si su lectura suscita cierta curiosidad y alguna pregunta he logrado con creces mi objetivo: ¡la investigación y el crecimiento sólo son posibles si hay preguntas!

Dra. Mariagloria Campi Rivista telematica della Società Italiana per lo studio del diritto e della Famiglia.


4 Conflictos con los hijos: los consejos de la pedagoga Daniela Novarapara “aprender a litigar”

Aprender a litigar con nuestros hijos les ayudará a hacerse hombres y mujeres competentes y responsables. He aquí cómo gestionar los conflictos sin tener que gritar…
Daniela Novara. d.repubblica.it


Hoy hablamos de los conflictos con los hijos, partiendo de un “mantra”: “Gritar no sirve de nada“; una frase que además de ser breve es un consejo representativo y también el título de un libro escrito por Daniela Novara, una de las mejores pedagogas de Italia. Editado por BUR y en las librerías desde este mes, explica cómo “aprender a litigar”.
Si, efectivamente los gritos no sirven para resolver los conflictos, afrontarlos de manera constructiva es uno de los modos más eficaces para educarlos y ayudarles a hacerse adultos maduros y autónomos, y a saberse comportar con los demás. “Aprender a litigar bien con nuestros hijos les ayudará a hacerse hombres y mujeres competentes, capaces de afrontar con éxito los desafíos y la complejidad del futuro que les espera”– ha dicho la autora del libro a al periódico La República, al que ha dejado una interesante entrevista que queremos reproducir como punto de partida y anotaciones de buenos consejos a tener en el bolsillo y sacarlo en el momento oportuno, tal vez cuando después de una jornada estresante o un momento particularmente difícil, desaparece la pacien-cia y es verdaderamente complicado mantener la lucidez y el desapasio-namiento.

Gestionar los conflictos:
del “genitor emotivo” al “genitor educativo”
Si vuestro hijo de 5 años prorrumpe en un llanto desesperado todas las noches porque quiere dormir en la cama con vosotros ¡qué haríais?
Según la Dra. Novara la reacción a esta situación es un óptimo ejemplo para explicar los dos tipos de planteamiento genitorial.
Genitor emotivo: “es el padre/madre que “basa su papel en la verificación de los estados emotivos propios y del hijo, actúa espontáneamente sobre la base del momento, busca la complicidad, convencido de que a los hijos basta con quererlos y lo demás viene de por sí. Víctimas del ansia y del cansancio, consienten. Por un lado no lo hacen más y esto puede des-encadenar lo peor: gritos, escenas histéricas, peleas entre mamá y papá, también azotainas.
Por otro lado, no consiguen superar el ansia y el temor de que el propio niño sufra verdaderamente por algo, esté mál, se sienta solo o abandonado y por tanto no consiguen salir del mecanismo del que se han hecho prisioneros”.
Genitor educativo: “sabe que, después de los 3, 4 años, a los niños les está literalmente “prohibido” el acceso de los padres: es un espacio de mamá y papá, el lecho conyugal.
No dejarles dormir en la cama con ellos no significa no quererles, sino reconocer que entre padres e hijos hay una distancia, y que esta es garantía de serenidad, de seguridad para los niños.
Por tanto se organiza: se establece una hora para ir a la cama, un rito antes de la nana, un modo de actuar en caso de crisis Es capaz de individuar a la vez al partner aquellas actuaciones justas que dan seguridad al niño y le permiten crecer.

¿Qué papel deben asumir la mamá y el papá en los conflictos?
La mamá: “la mamá, continúa siendo la figura protectora que se encarga del cuidado. Su papel es ante todo biológico: lleva en sus seno durante nueve meses a su niño o a su niña; siente un empuje natural a ocuparse de él, a protegerlo, a hacer de tal modo que sobreviva, especialmente en el primer año de vida en el que tienen una necesidad particular.
El primero y, en parte también el segundo año de vida requieren una dedicación materna absoluta: es el momento de la vinculación primaria que crea las bases de la confianza en sí mismos.
Después la situación cambia: es necesario comenzar a poner vallas y reglas. Pero la mamá queda como la que desempeña la tarea del cuidado. Ciertamente, las madres pueden encontrarse en dificultad respecto a su propio papel, pero históricamente este aspecto siempre ha sido así y no se ha modi-ficado mucho”.
El papá: “La verdadera crisis educativa de nuestros días en una crisis del papel paterno. Cuando hablo de papel “paterno educativo” entiendo un conjunto de comportamientos que no están necesariamente ligados a la figura del padre. El papel paterno expresa la justa distancia de los hijos, las reglas necesarias y claras, el impulso vital, la asunción del riesgo y del coraje como elementos fundamentales para crecer: es imprescindible, pero en los casos en que el padre esté verdaderamente ausente su papel puede ser asumido también por figuras femeninas. No siento la nostalgia de un padre de una pieza, severo, indiscutible, y a menudo también ausente. Pero, es necesario un padre que haga de “otra orilla”, normativo, pero al mismo tiempo vital. Un modelo, necesariamente imperfecto, de cómo se puede afrontar la incertidumbre, el riesgo, las dificul-tades de la existencia con coraje, expresando todas sus potencialidades y recursos. Es una nueva figura del padre, tal vez todavía inédita, pero sobre el cual se juegan muchos desafíos educativos de nuestros días”.

¿Cómo se hace para llegar a ser un genitor educativo?
“Se hace preguntas. Se observa lo que ocurre y se trata de individuar, junto con el otro genitor cuando esto es posible, cuál es la necesidad efectiva de su hijo y de su hija y la estrategia a utilizar.
Las claves de bóveda son la organización y la cohesión: darse cuenta de que para ayudar a nuestros hijos a hacerse grandes en estos tiempos tan complejos y velo, no es posible dejarlo a la improvisación o a las emociones del momento, si que es necesario proceder conjuntamente. Es necesario prepararse. El consejo que doy a menudo a los padres es: dedicad tiempo a hablar entre vosotros dos sobre la educación de vuestros hijos.
He aquí una serie de preguntas que juntos, mamaá y papá, podéis haceros:
¿Cuáles son las reglas que damos en la familia?
¿Nuestro hijo, nuestra hija, las tiene claras?
¿ Cómo podemos ayudarle a superar este miedo?
¿Cómo podemos sostener su deseo de autonomía sin exponerlo a situaciones que no sería capaz de gestionar sólo? ¿Qué es importante para él a su edad?
¿Qué le puede ayudar a crecer?
Es inútil escandalizarse e invocar los buenos tiempos pasados frente a las reacciones opuestas, a los caprichos a las mentiras, a la bulimia de deseos y emociones, a los comportamientos incorrectos.
Los niños y los muchachos hacen su trabajo: hacerse grandes. La tarea de los genitores es ayudarlos y acompañarlos e este recorrido”

Las justas “armas” para gestionar el conflicto: niños, pre-adolescentes, adolescentes y “tiranos”!
Las armas para gestionar conflictos con los niños:
“Costumbres, con las reglas, la ritualidad, la cohesión: Es inútil discutir, tratar de explicar, argumentar, tratar de convencer. Bastan más bien algunos mensajes precisos, claros, adecuados a la edad psico-evolutiva del niño que tenemos delante.
Es insensato pensar que si explico tantas veces a un niño d e2 años que no debe mirar tanta Tv antes o después lo entenderá y dejará de seguir su capricho. Es mejor una regla precisa, sostenible y definida por ambos genitores. ¡Qué equivocado es involucrar a los niños mayores en decisiones familiares que competen al adulto, tal vez con la esperanza de evitar así caprichos y escenas: en realidad, lo que se obtiene así es inseguridad, ansiedad y por tanto el efecto opuesto”.
Las armas para gestionar el conflicto en la preadolescencia:
“Hoy la pre-adolescencia se ha convertido en una edad difícil y particularmente conflictiva, internamente y con os genitores, porque es sustancialmente la única verdadera edad de paso, de transición de la infancia a otra cosa Los niños sufren el efecto de una precocidad impuesta por el consumismo y el marketing, y al mismo tiempo han estado más cuidados en la infancia y por tanto se encuentran im-preparados frente a todos los cambios interiores y exteriores que tienen que afrontar. Las estrategos que sugiero en el libro son diversas, desde el silencio activo, que comporta la capacidad genitorial de poner una distancia, hasta la técnica del gato: yo estoy aquí y te espero.
Indudablemente en esta fase psico-evolutiva el padre juega un papel determinante, y considero fundamental, a partir de los 11 años, actuar lo que yo llamo la “convergencia educativa sobre el padre”. Si primero el frente de la labor educativa era gestionado preferentemente por la mamá, ahora es el momento de que sea el padre quien afronte las situaciones, quien negocie las reglas y las elecciones educativas: aunque no esté físicamente presente es a quien hay que hacer referencia si se quiere ser mas eficaces”.
Las armas para gestionar el conflicto con un adolescente:
Aprender a litigar bien. Este es el mensaje principal de mi libro. El conflicto puede ser una ocasión preciosa de crecimiento personal y de evolución relacional para todos, grandes y pequeños.
Nosotros crecemos junto con nuestros hijos: si queremos que nuestra relación con ellos se desarrolle sobre las bases de la confianza recíproca, del afecto, del respeto de las respectivas individualidades deberemos afrontar eficazmente los momentos de crisis, de cambio, y las fases normales de la recíproca transformación.
Las relaciones vitales son siempre conflictivas. Aprender a litigar bien con nuestros hijos les ayudará a hacerse hombres y mujeres competentes, capaces de afrontar con éxito los desafíos y la complejidad del futuro que nos espera.
Las armas para gestionar el conflicto con un niño “tirano”:
“Es necesario evitar todos aquellos comportamientos que se basan en la proximidad emotiva y en la dependencia: como la excesiva servicialidad, esto es sustituir al niño, a la niña, incluso cuando pueden hacerlo solos; o bien la continua asistencia en el intento de prevenir todas las posibles fatigas o dificultades a nuestros hijos. Me han contado de un niño tan habituado a ser seguido en todo por sus genitores que cuando fue a la guardería y las maestras e dijeron: “Ahora vete a lavarte las manos”, lo rechazó y no hizo nada durante todo el día. Si los genitores se ponen en una posición de inseguridad y debilidad, los niños terminan inevitablemente por asumir el mando de la situación.
Pero a ellos este papel no les gusta, es muy cansado y produce sufrimiento. Es necesario restablecer el justo equilibrio , y mamá y papá deben recuperar su papel educativo”.
Estas son las respuesta y los consejos de esta ilustre pedagoga. Y vosotros ¿qué genitores pensáis ser? ¿Emotivo o educativo? ¿Cuál es la actitud más útil a tener según vosotros: ¿La una . la otra o un poco de ambas?


5 Hijos sin padre Peligros y tutelas para los menores

Francesca Ichino Pellizzi
Abogada, Juez Honoraria del Tribunal de Menores de Milán


Son muchos hoy, incluidos periodistas, los que hablan de la irritante temática: "Una sociedad sin padres" desde el punto de vista sociológico, de costumbres, y para formular hipótesis sobre un posible “padre inútil” incluso en su vertiente puramente biológica de la procreación. Yo hablo de ello como abogada que ha trabajado durante treinta años en lo social en colaboración y al servicio del Tribunal de Menores. Como tal, no debo sugerir hipótesis sobre el futuro sino más bien tratar de daros datos sobre el presente, sobre la realidad existente por lo que se refiere a los efectos sobre los hijos de la falta de padre y sus posibles remedios. En sustancia, os hablaré de los hijos de familias mono-parentales que derivan de la separación y divorcio, de los huérfanos por la muerte del padre y de los hijos de madre-soltera, o single, como se dice ahora. No os hablare en cambio de ningún modo de las relaciones del hijo con una eventual mal padre, argumento este que nos llevaría muy lejos de nuestro tema: aquí se habla de la relación normal con un normalmente buen padre. Y también querría partir de algunas noticias que nos ayuden a entender cómo y porqué hemos llegado a la situación actual.
Por lo que he podido ver, en la literatura psico-social de nuestro tiempo la primera formulación (quasi profética) del Hacia una sociedad sin padres es de 1963, con el libro del psicólogo alemán Mitscherlich publicado en italiano por la editorial Feltrinelli diez años después, que me parece que abrió el camino a una amplísima serie de interesantes estudios de época anterior y posterior al 68. Es más o menos común a todos la convicción de que está desapareciendo la concepción patriarcal y tradicional del padre y es también común la censura a la ética autoritaria que educa a los hijos sobre todo en la obediencia, en la sumisión, en el conformismo, en un clima de “distancia afectiva” entre padres e hijos.
Todos están de acuerdo en decir que aquella época está totalmente superada y que es muy difícil que pueda volver a renacer; sin embargo, no está claro todavía qué cosa está sustituyendo a aquel tipo de relación padres-hijos que ha dominado casi por todas partes durante algunos siglos. Parece que en el origen de la incapacidad o del miedo a hacerse adultos, que aflige a muchos muchachos hoy y que está a la base de comportamientos desviados, hay a menudo una difícil o irresuelta relación con el padre. Es el padre quien debería ayudar al hijo a formar el propio carácter , a concebir un correcto proyecto de vida, a estimularlo en el difícil proceso de separación de la madre que marca el final de la infancia.
Si el “deseo de padre” ("voglia di padre"), típico de todo muchacho, como dice Gustavo Pietropolli Charmet es decir, si la fuerte necesidad de relacionarse con la figura paterna, no viene satisfecha, las consecuencias pueden ser tam-bién muy graves: el abandono de la escuela, la apatía, la anorexia, el alcoholismo, la droga, la delincuencia, la bulimia.
La formulación “Sociedad sin padres” es provocadora, pero indicadora de una tendencia actual y subraya una real ausencia del padre. La relación padre-hijo siempre ha sido un problema en todas partes: los estudios de Malinowsky de 1930 sobre las poblaciones primitivas de Melanesia y los de otros autores sobre algunos usos y costumbres africanas nos dicen que en muchas sociedades tradicionales o primitivas, la paternidad, en vez de ser contestada, viene diluida o subdividida en paternidad biológica, sociológica y afectiva con cometidos diferentes atribuidos a diferentes personas.
Por lo demás, también en la antigua Roma estaba la figura del pater familias, que era la figura jurídica del padre que trasmitía el apellido de su gens (linaje) con derecho de vida y muerte sobre el hijo (igual que sobre el esclavo: el famoso jus vitae necisque), y la figura del avunculus, o sea del tío materno, aquel que en la Edad Media deviene "il barba" (‘el barbas’); figura afectuosa y venerable, que el hijo no llama “padre” sino “papá”. Os señalo este interesante “descen-tramiento de la afectividad” porque atemperaba y superaba el “complejo de Edipo” bastante antes de que hablara de él Sigmund Freud, reduciendo las bien conocidas tensiones (amor-odio) y los antagonismos siempre latentes entre padre e hijo.
Pongo aquí estas muy esquemáticas nociones sólo porque nos servirán para entender cuáles pueden ser todavía hoy los remedios a la ausencia de padre y cuáles son “por naturaleza” las diferencias entre la función paterna y la materna respecto de la prole. Deberemos asi elaborar esta dato difícil de aceptar y es que mientras la función materna en muy clara en su naturaleza (embarazo, amamantamiento, intimidad corporal, cuidado, limpieza y bienestar físico del niño, etc.) la función paterna o paternidad es, como se ha dicho, una invención social o mejor, un hecho cultural, distinto, como hemos visto, en las diferentes épocas y en contextos antropológicos y sociales diversos.

El sentido paterno
Hay ciertamente datos biológicos, como la mayor fuerza física del varón, que se presupone pre-ordenada a una actitud de protección y de defensa respecto a la mujer y a los pequeños; y hay, a mi parecer, un discurso a favor de la monogamia que nos dice que, al igual que en algunas parejas de pájaros el macho y la hembra están juntos hasta que su pequeño haya aprendido a volar, así la pareja humana está predispuesta a estar unida hasta que el más pequeño de sus hijos haya aprendido a volar, así la pareja humana está predispuesta a mantenerse unida hasta que el más pequeño de sus hijos se haga autosuficiente (25-30 años, ¡toda una vida!).
Pero esto no basta, porque no hay nada en el hombre de preordenado a los fines de la procreación que reclame aquello que ocurre en ciertas especies , por ejemplo ciertos peces, donde ambos sexos proveen conjuntamente a la prepa-ración del nido y a la crianza de la prole; donde el macho, después del acoplamiento, recoge en la boca los minúsculos huevos transparentes que la hembra esparce en el agua y los pone delicadamente en el nido, pues de lo contrario se dispersarían. O entre los primates, los pequeños monos (bertucce), por ejemplo, donde el comportamiento paterno de los machos está fuertemente predeterminado en el período de los nacimientos, cuando las hembras están dedicadas a parir y los machos adultos protegen a los pequeños ya crecidos con el mismo cuidado que lo hacían las madres: por si les atacan por los flancos caminan al lado de ellos o bien se sientan al lado de los pequeños haciéndoles una especie de toilette.
Quiero decir que para el hombre el sentido y el comportamiento paterno son más voluntaristas, más autoconscientes que en la mujer o en los animales, porque están determinados más por factores racionales que por factores fisiológicos y por eso son más meritorios.

La escasez de datos
Sería importante tener estadísticas cuantitativas sobre el número de hijos sin padre hoy en Italia ( sin padre porque son huérfanos, o hijos de separados o divorciados, o hijos de madres solteras) y sobre los efectos de la falta del padre sobre éxito o logro de los hijos valorado en términos de autosuficiencia en el trabajo, de normalidad en el matrimonio, en la procreación.
El Italia se hacen muchas investigaciones cualitativas e ideológicas, pero pocas cuantitativas sobre los números, incluso porque los datos numéricos vienen poco recogidos y poco estudiados. Recuerdo haber tenido un verdadero shock hace algunos años (tal vez unos veinte) en el Consejo de Europa en Estrasburgo, donde sobre los problemas de la familia había grandes tablas con resultados numéricos de todo el mundo civil, mientras donde ponía “Italia” y “Grecia” sólo había dos guiones indicando que no había datos. Esperemos que las cosas hayan cambiado un poco, pero no estoy segura porque que todavía hoy, estudiosas como Daniela Del Boca y Chiara Saraceno, afrontando estos temas, deben utilizar muchas veces datos extranjeros del tipo de banco de datos de las Cortes judiciales de Wisconsin o datos canadienses. Y debemos resig-narnos a ellos porque incluso en materia de vida familiar, donde los italianos tenemos mucho que enseñar a los otros, estamos deslizándonos hacia los modelos USA y demás, como ocurría hace treinta años para la droga, nos encontraremos dentro de diez o quince años alineados con ellos en todo y para todo, incluso por lo que respecta al divorcio, con las consiguientes problemáticas familiares.
Dice Daniela Del Boca , profesora e investigadora del Departamento de economía de la Universidad de Turín y de la Universidad de Wisconsin-Madison: «Cada año, en los Estados Unidos, se registran dos millones de matrimonios y un millón de divorcios (esto es, ¡uno de cada dos matrimonios se rompe!). En los últimos cuarenta años el porcentaje de mujeres divorciada ha crecido siete veces (se ha multiplicado por siete), desde el 6% al 7,6%. El crecimiento del número de los divorcios es uno de los fenómenos sociales y demográficos más significativos de los últimos decenios. Actualmente un niño de cada cinco vive solo con la madre, que por lo general trabaja fuera de casa para vivir y mantenerlo».
Tengamos presente (y tal vez es éte el único dato italiano pacífico y seguro) que cuando decimos separación o divorcio en Italia, esto significa el 92% de los hijos otorgados por los jueces a la madre sola, y por tanto prácticamente son hijos sin padre, y solamente 6,4% son otorgados al padre, sobre todo si son adolescentes. Resulta de las investigaciones que el fenómeno más impresio-nantemente universal es el de la falta o irregular pago de la asignación del padre para el mantenimiento de los hijos.
Un estudio del Obsevatorio europeo (Ocse) de los 80 revelaba que en todos los países desarrollados un tercio de los padres a los tres años del fin del matrimonio ya no pagaba más la asignación establecida por el juez.
La investigación de Marzio Barbagli y Chiara Saraceno, Separarsi in Italia (il Mulino, 1998), dice que a los dos años del final del matrimonio, el 14% de los padres ya no paga la asignación debida y el 15% la paga sólo irregularmente.

La desaparecida minoría
No se irriten los amigos de la Asociación de “Padres separados” que han hecho una buena contribución para una redefinición de la relación padres-hijos después de la ruptura del matrimonio en un libro titulado “Papà è bello!” que reivindica el derecho-deber de la paternidad. Son ellos, ciertamente, una minoría encomiable, pero privilegiada por su riqueza y cultura, que marca una admirable contra-tendencia respecto a la huida de las responsabilidades paternas que por ahora es lo más general. Los padres que abandonan el papel paterno después de la separación son aquellos que provienen de categorías con menos cultura y más modestas económicamente; familias en las que la división de roles entre maridos y mujeres es más tradicional, como las de nuestra Italia meridional.
Las investigaciones efectuadas en los países con más alta inestabilidad conyugal que el nuestro concuerdan en señalar que un 25-30% de los padres abandona no sólo el hábito de pagar la asignación mensual, sino que además pierden casi todo contacto con los hijos a los pocos años de la separación-divorcio; y que este porcentaje sube en el curso de los años hasta alcanzar un 70% de los padres que no ve nunca o casi nunca a sus hijos.
Esta trágica ruptura de las relaciones entre padres e hijos afecta, en aque-llos países, a un niño de ada cuatro. Entre nosotros, por ahora, un poco menos, pero quien tiene hijos todavía en edad escolar sabe por experiencia directa cuántos hijos de padres separados están en las clases de sus propios hijos.
El dato que emerge de todas estas investigaciones es que el porcentaje de los abandonos aumenta a medida que los excónyuges reconstituyen una nueva relación de pareja y hay una invitación bastante frecuente a los excónyuges, sean varones o mujeres, para que esto no ocurra y para que ellos aprendan a hacer de padres también fuera de una relación de convivencia , esto es, incluso sin el contexto de la relación cotidiana. El hecho es que los padres dicen que no es fácil encontrar, digamos así “natural”, un ejercicio de la paternidad para poder asumir como modelo de referencia; a lo sumo, la mayoría de las veces se llega a captar cómo no puede uno comportarse; pero cuáles sean los elementos específicos de una paternidad distinta o nueva, todavía resulta difícil de definir.
El nuevo padre, tolerante, abierto al diálogo, no ya autoritario sino autorizado o con prestigio, debe definir todavía mejor su perfil y afirmar su presencia. Esto me parece que confirma aquello que decíamos al inicio, esto es, que la paternidad es un dato cultural, una invención social delicada e importante en la que debemos empeñarnos todos con energía y fantasía.
Hay que recordar, como hemos dicho, que no sólo la separación y el divorcio pueden ser las causas de pérdida del padre, sino que también está la pérdida física del padre debido a su muerte. Una recentísima investigación canadiense, que mide el logro de los hijos sin padre en términos de éxito o fracaso en el mercado de trabajo, durante la instrucción universitaria, en la medida en que recurren a la Asistencia social (o welfare), en el comportamiento en el matrimonio y en la procreación (¡atención, tener hijos antes de los 21 años está justamente considerado como un fracaso!), la investigación canadiense, decía, concluye confirmando el dato del empobrecimiento de los núcleos monoparen-tales gobernados por las madres, cualquiera que sea la causa de su soledad: exógena, esto es debida a la muerte del padre, o endógena, esto es debida a la separación o divorcio. Sólo en la llamada en el llamado “logro” de los hijos se registra cierta pequeña ventaja en los núcleos monoparentales por causa exógena (esto es, por muerte) sobre el odio y la riña entre los genitores.

Un solo genitor
Hay hijos sin padre por elección programática de la madre; aquellos que nacen de una generación de mujeres de treinta-cuarenta años, que proclaman como Jodie Foster: «¡El hijo me los tengo sola! o: «¡Adiós hombres, el hijo es sólo mío!». Así también la conocida cantante Madonna y muchas otras. Son los títulos de nuestras rotativas. Ya no más mujeres víctimas de los hombres, sino mujeres que han decidido hacer de menos a los hombres pero que quieren un hijo. Y aquí esta, a mi parecer, su “barbarie” respecto a ese hijo sin no lo permiten tener cierta figura paterna sustitutiva con la que identificarse y reflejarse.
El mundo cambia y está muy bien: ya no es vergonzante ser madre soltera y damos por ello gracias a Dios. En Europa los genitores single son el 14% y, de éstos, el 85% son mujeres; y está bien; en Italia son el 11% y menos mal, dada la penuria de niños, que, en efecto, no nacen; tiene razón el psicólogo Fulvio Scaparro al decir: «La familia monogenitorial no es una familia de serie B, o peor, una “no-familia”; también puede funcionar muy bien, pero de aquí a considerar que al padre un “lijo inútil y superfluo”, ¡eso no cuela!».
Y Gustavo Pietropolli acuña un término expresivo: «Hay, dice, una inteligencia de la especie al servicio de la supervivencia que se activa precisamente para hacer frente a todos estos cambios que vienen llamados “epocales”». Es desde finales de la segunda Guerra Mundial a la revolución cultural de los años sesenta cuando se ha madurado la crisis y el rechazo del papel paterno tradicional (aquel que Freud había descrito como del “padre edípico” autoritario, normativo), según el cometido que le confiaba la cultura de su tiempo. Y se espera de la generación de los actuales genitores (esto es de mis hijos) el cometido nada fácil de descubrir y experimentar nuevos modos diversos de ser padres.
Lo que por ahora ha nacido es o el padre ausente, que como tal siempre ha existido, el que siempre está trabajando, siempre está de viaje, y que es una presencia simbólica, pero hoy es amigable y no autoritaria; o el padre materno o maternalizado, como muchos psicólogos lo llaman, que ha abandonado la actitud ética, autoritaria y normativa y que está convencido que su cometido peculiar es la capacidad de compartir juegos, deporte, vacaciones, viajes, regalando a los hijos presencia y sustento. Un poco olvidada la vocación de transmitir valores y principios, vocación que viene a menudo recogida por la madre, también ella un poco cambiada respecto a otros tiempos y más aculturada y paternalizada. Esta mayor paridad y reciprocidad entre los sexos es ciertamente una buena meta que nuestra sociedad ha alcanzado.
De hecho, el niño tiene necesidad de ambos genitores, de lo contrario, los resultados pueden ser de tipo depresivo como la inseguridad, la depresión, la vulnerabilidad, o de tipo agresivo, como la tendencia antisocial, incluida la delincuencia.

La educación de los hijos
Recuerdo, cuando fui miembro de los Tribunales de menores, haber constatado por estadísticas internas que el 60% de los chicos de conducta desviada que llegaban al Tribunal de menores con incriminaciones penales, tenían a las espaldas familias multi-problemáticas, en general monoparentales y por tanto con guía sólo materna, con evidentes carencias educativas. Y esto también vale hoy: en vez de publicar artículos del tipo ¡Padres, educar es inútil! Quizá esto vaya bien para los psicólogos que en New Jersey o en Colorado se empañan en documentar y proclamar estas tonterías, pero para Italia y también para Europa os doy mi palabra de honor de que no es verdad. El artículo 30 de la Constitución italiana nos dice que los hijos tienen derecho a ser mantenidos, instruidos, pero sobre todo educados por sus genitores; y si lo s genitores son incapaces de hacerlo, la ley provee a que sus cometidos sean asumidos por optros. ¿Y cómo? La norma 4.5.1983, n. 184, sobre Disciplina de la adopción y acogimiento familiar establece la competencia básica de la familia de origen en la educación de los hijos en primera instancia, pero una válida familia sustitutiva en caso de incapacidad de la primera; una familia capaz de atender al «preeminente interés del menor» que es sustancialmente el de la educación, porque el mantenimiento y la instrucción se las puede dar también un buen instituto, pero la educación la puede dar sólo el mantenimiento de válidos y continuadas relaciones con los dos genitores o con dos figuras semejantes a ellos. En sustancia, el secreto es integrar, sustituir, colmar los vacíos y hacerlo bien, incluso con buenas ayudas familiares y sociales.
Me permito una nota personal: los dos primeros de mis once nietos tuvieron la desgracia de perder a su padre por una terrible enfermedad a la edad de cuatro y seis años. Ahora son dos espléndidos muchachos, estudian ella medicina y él arquitectura; pero han tenido, además de una brava mamá, la fortuna de tener al lado dos familias numerosas, con muchos tíos paternos y maternos y padrinos de bautismo y de confirmación que han tenido un papel esencial en su logro.

Siempre genitores
No quisiera pareceros ingenuamente triunfalista: ciertamente, en mi trabajo, he visto también decenas de casos desoladores, de padrastros y convivientes con la madre que violan a las niñas de la propia compañera y otras aberraciones del género. Pero ahí no hay más que recomendar a las madres (sean viudas o separadas) centuplicar la atención al unirse a un nuevo compañero, precisa-mente por la responsabilidad que tienen hacia los hijos ya nacidos, y no meter en casa al primero que venga a fin de no quedar solas, como, desgraciadamente hacen a menudo inconscientemente.
Hagamos un esfuerzo hacia una civilización más elevada y evolucionada. Si miramos al sector separación-divorcio, que seguramente es el que produce mayor número de hijos sin padre, debemos adquirir precisamente por ello una nueva mentalidad.
Entre los juristas y sociólogos ahora se habla mucho de pluri-genitorialidad ordenada , de divorcio conyugal y de divorcio genitorial: cualquiera que sean los antecedentes de insultos, de ofensas y de sufrimientos, los partners deben aprender a no pensarse más como excónyuges ofendidos, sino como genitores todavía empeñados en el logro de los propios hijos: es absolutamente un deber, un empeño de civilización más moderna.
No digamos que es una meta imposible: pensemos que han pasado tan sólo poquísimos decenios desde cuando el adulterio femenino (art. 559 del Código penal Rocco, modificado por dos sentencias de la Corte constitucional en 1968 y en 1969), a diferencia del masculino, era considerado un delito y un insulto intolerable para el hombre (pensemos en lo que cuenta el Evangelio a propósito de la mujer adúltera). Son estados de ánimo superados en el tiempo, pasos delante de la humanidad, que no deben detenerse.
Todos debemos empeñarnos en un esfuerzo de acciones, opiniones, mentalidades hacia la cultura de la co-genitorialidad, del divorcio no conflictivo de la custodia conjunta, todas ellas bellísimas cosas que desde hace años leemos y sentimos imaginar, pero que todavía vemos muy poco en la práctica. No se trata, naturalmente, de incrementar el divorcio, sino de transformar los conflictos, a veces verdaderamente brutales y bestiales, en civilizados y humanizados intentos de acuerdo por el bien de los hijos.

Mediación familiar
Entre los instrumentos más avanzados para el tratamiento del conflicto conyugal, dirigidos a estimular el buen sentido y la capacidad de autorregulación de la expareja, es la mediación familiar que viene practicada por personas altamente especializadas en el campo socio-jurídico-psicológico.
La mediación familiar es definida como un proceso de cooperación en el cual un sujeto, neutral respecto a las partes y a sus abogado, opera con la finalidad de mantener y potenciar las posibilidades de comunicación hasta alcanzar un acuerdo pleno sobre los problemas que que se refieren al bien de los hijos.
En Milán, un primer y avanzado esfuerzo en este sentido viene perseguido por el GEA (Genitori ancora, genitores todavía ), asociación fundada por Fulvio Scaparro y que se ha convertido ya en una institución válida del ayuntamiento de Milán. Hace ahora cuarenta años que la antropóloga americana Margaret Mead escribía: «Hemos construido un sistema familiar fundado en la monogamia, en la fidelidad de pòr vida, en la segura supervivencia de ambos genitores, pero no hemos elaborado leyes para cuando el matrimonio, que se rompe es sustituido por otro. De hecho, nos encontramos en un sistema que no funciona».
¡Qué razón tenía! Se estima que en los Estados Unidos se forman más de 1.400 familias reconstituidas al día y hay más de 2.000 niños que tienen que vérselas con un genitor adquirido. En la mayor parte de las legislaciones, incluida la italiana, en el nacimiento de una familia “reconstituida” no están previstas las responsabilidades del llamado “genitor social”, esto es el adquirido, respecto a los hijos del cónyuge. Todavía no ha afrontado nuestro código civil la relación del hijo sin padre o con padre ausente, con el nuevo compañero o marido de la madre. La ley holandesa atribuye al “genitor social” la obligación de mantener al hijo del cónyuge hasta su mayoría de edad. La ley suiza establece, respecto al nuevo cónyuge, un deber de asistencia en la educación y en el mantenimiento de los hijos nacidos de una anterior unión del otro cónyuge.
En algunos países y con ciertas condiciones, el hijo, cuando esto sea en su interés, puede asumir el apellido del genitor adquirido y esto puede asimilarlo, por ejemplo, a nuevos hermanos. Entre nosotros está prevista sólo la adopción del hijo del cónyuge y yo no he visto que se hayan llevado a cabo óptimamente en su resultado.
No rechace la Asociación de “Padres Separados” (para los que deseo un largo trabajo por la custodia conjunta) si tienen que encontrarse compartiendo responsabilidades paternas con los llamados “genitores sociales”. Acepten las ayudas que puede proporcionar la mediación familiar; no lancen anatemas; aprendan tanto los nuevos como los excónyuges a gestionar los problemas y los conflictos de la pluri-genitorialidad, aceptando, cuando es posible y es en interés de menor, la regla de la paridad entre genitores biológicos y genitores sociales, naturalmente en un contexto de buena fe recíproca.

Una fácil custodia
Para completar el cuadro de las disposiciones preciosas con que afrontar la necesidad en la tutela de los hijos sin padre, quisiera romper una lanza a favor de un instrumento todavía muy poco conocido, mal utilizado y rodeado de la pública desconfianza, que, en cambio, yo amo muchísimo porque lo he visto nacer en Italia hace casi treinta años y he contribuido a hacerlo crecer con muchos años de trabajo, tanto práctico como teórico: la custodia familiar. Para no aburriros con pesadas disquisiciones, os cuento sólo un caso de custodia fácil, aquella que todos pueden hacer y que le ha correspondido hacer al último de mis hijos. Jonathan es un niño extracomunitario nacido de una joven inmigrada en Milán y de un irresponsable compatriota, pero casado y con hijos en su país, que la dejó encinta (como se suele decir) y después volvió a su patria sin reconocer al niño. La chica lo ha criado con sólo sus fuerzas trabajando como doméstica.
En la escuela elemental Jonathan tiene muchas dificultades sobre todo por la lengua, y los padres de un compañero de escuela , advertidos por el profesor, deciden asumir la custodia tipo "day hospital" (hospital de día): lo van a buscar a la escuela y lo llevan a casa junto con el propio hijo, les dan la merienda juntos, hacen las tareas escolares, juegan y por la tarde viene su mamá a recogerlo y lo lleva a casa. En las vacaciones, durante buena parte de ellas, Jonathan vive con los custodios, sobre todo con el padre custodio y literalmente “bebe” todo aquello que proviene de él. A quien le pregunta cómo se llama él le responde: «Matteo Ichino», que es el nombre de mi nieto y compañero suyo de escuela. El psocólogo me dice que esto es necesidad de pertenencia e identificación con la familia custodiadora. No descuidemos a los chicos con carencias que se “cosen” a nosotros, no desilusionemos su confianza, cultivemos su sed de figuras paternas o genito-riales con las que identificarse: un tío, un abuelo, un padrino un maesto como los de las novelas de D’Amicis, o un instructor deportivo pueden ser figuras preciosas como modelos de identificación.
Ocuparnos de todo esto es importante noi sólo para los chicos que hoy sufren por la ausencia del padre, sino también porque los de hoy serán lo spadrs de mañana y perpetuarán la ausencia del padre si no han interiorizado un modelo válido de paternidad. Pensemos en ciertas palículas de Charlot, de figuras semejantes a aquellas humanísimas de Charlie Chaplin, que cada uno hemos encontrado en la propia vida y en esto está el genio de Charlot. Tengamos confianza y busquémoslas; en el mundo, además del mal, está también la generosidad y el bien. Se siente muy poco hablar de ellos, ¡pero están!